Marta, Marta…


“Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas, cuando en realidad una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, y nadie se la quitará.”

(Lucas 10. 41-42)


Marta, María y Lázaro, hermanos los tres, vivían en Betania y todos eran íntimos amigos de Jesús. Durante una de las múltiples visitas de Jesús y sus apóstoles, Marta “estaba atareada con todo el servicio de la casa” (Lucas 10. 40) mientras, María estaba sentada a los pies de Jesús escuchándolo. Marta se molestó y le dijo a Jesús que le dijera a María que la ayudara, sin embargo, Jesús le dice que María ha escogido la mejor parte.

Imagínate la escena. Acaba de llegar a tu casa, inesperadamente, uno de tus mejores amigos con varias otras personas. ¡Qué emoción ver a tu amigo! Lo saludas y lo invitas a él y a sus amigos a entrar. Rápidamente, tu hermana menor y tu hermano, lo saludan y se ponen a hablar. La casa está llena y tú estás feliz. Mientras ellos hablan, tú te pones a preparar algo para darles de comer y beber. Vas sacando tu mejor vajilla, limpiándola y preparando la mesa. Tienes que avanzar porque se te quema la comida que dejaste en la olla. De repente, te das cuenta que tu hermana se quedó en la sala con la visita y no te está ayudando. Tratas de captar su atención con discreción, pero ella te ignora. Está bien atenta a lo que están hablando. Frustrada, vas donde tu amigo y le dices, sin pelos en la lengua, que le diga a tu hermana que te ayude. Tu relación con él es tan íntima que te sientes en plena confianza para hacerlo, sin embargo, tu amigo te reprende a ti en vez de a ella. Sorprendida, y un poco avergonzada, regresas a los quehaceres de la casa sin la ayuda que merecías.

No sé tú, pero yo me identifico mucho con Marta, siempre ocupada en mil quehaceres. Siempre buscando que todos los que entren en mi hogar se encuentren cómodos, como si estuviesen en sus hogares. Siempre preocupada porque la casa esté limpia; porque la comida esté preparada para que cuando lleguen los míos encuentren qué comer. Siempre buscando hacer de mi hogar un oasis de paz para todo el que entre en él.

Creo que muchas mujeres se pueden identificar con Marta, y su sentido de responsabilidad, por hacer todo lo que se necesite hacer. Quizás, tú eres la que se preocupa por tener tu casa al día: la ropa lavada, doblada y guardada; la casa limpia, la comida preparada y servida, los niños bañados, las tareas escolares realizadas. Quizás, también guardas un poco de resentimiento por la falta de ayuda de otras personas en tu hogar.

En el trabajo, eres la que está pendiente que sus tareas estén al día, que su jefe tenga todo lo que necesita para esa reunión, que todo esté coordinado para la fiesta de cumpleaños de la compañera de trabajo; y, en ocasiones, te frustras al ver a otras compañeras no hacer su parte.

En la iglesia, eres de las que está en varios ministerios. Los domingos sirves en la misa como músico y luego, llevas la Eucaristía a los enfermos. Durante la semana, das clases de catequésis y asistes a los ensayos de la agrupación. Tu dolor es que los lunes hay Adoración al Santísimo y, por falta de tiempo, nunca puedes asistir.

Yo soy Marta. Me interesa que mi casa sea siempre un oasis de paz, donde todo el que entre se sienta bendecido; un lugar a donde mi familia le agrade llegar, un lugar en el cual mi esposo ansía estar.

Yo soy Marta. Una persona que siempre tiene los brazos abiertos para recibir a todos. Una mujer que está al servicio del necesitado. Una mujer que lucha por ser un reflejo de Jesús en la vida de los demás.

Yo soy Marta. Soy una mujer que no tiene tiempo para estar a solas con Jesús. Una mujer que se frustra y que, al quejarse con Él, recibe un regaño porque ha dejado que todo lo demás ocupe su tiempo y no le ha dado a Él el lugar que se merece.

¿Y tú, eres Marta?

¿Haz hecho de tu hogar un lugar donde todos quieren entrar? ¿Eres agradable con el que entra? ¿Tu esposo espera con ansias llegar a la casa? ¿Tus hijos se sienten cómodos llevando a sus amigos? ¿Tú casa está en orden?

En tu trabajo, ¿haces tu trabajo con eficiencia o eres de las que espera para ver si otra persona lo hace por ti? ¿Tu rostro refleja la alegría de ser cristiana?

En tu iglesia, ¿participas de algún ministerio o le dejas eso a los demás? ¿Estás en demasiados ministerios?

En tu relación con Dios, ¿dedicas tiempo para estar a solas con Él? ¿Asistes a misa como feligrés o sólo vas a la misa que te toca trabajar? ¿Le dedicas una hora por semana a la adoración, a la oración? ¿Cuándo fue la última vez que participaste en un retiro?

Yo soy Marta, y aún tengo mucho que aprender; pero igual que con Marta, Dios llega a mí en el lugar donde estoy. Me acepta con mis imperfecciones. Me reprende por guardar resentimientos. Me espera pacientemente.

Comente:

¿En qué aspecto te identificas con Marta?

Comparte:

Si crees que este artículo será de bendición a otras, dale LIKE o SHARE y así nos ayudarás a llegar a más mujeres. ¡Gracias!

Añádete a nuestra lista:

SI DEJAS UN COMENTARIO, y quieres enterarte primero de nuevos artículos, marca el encasillado SI, AÑÁDEME A TU LISTA.

SI NO DEJAS UN COMENTARIO, y quieres enterarte primero de nuevos artículos, envíanos tu email en el encasillado donde lee SUSCRÍBEME POR FAVOR.

EN AMBOS CASOS, recibirás un email para confirmar que en realidad quieres estar en nuestra lista y que no sea que otra persona entró tu email por equivocación. Verifica tu JUNK folder porque a veces llega el email allí. Una vez entres al enlace que recibirás por email, ya estás en nuestra lista de suscriptores. ¡Mil gracias por el apoyo! Juntas, seremos Mujeres llenas de gracia.

Pin It on Pinterest

Share This