Pero el Señor todopoderoso se sirvió de una mujer para rechazarlos. No fueron jóvenes vigorosos, los que aniquilaron a su héroe, no lo destrozaron razas de titanes, ni altísimos gigantes lo vencieron. Fue Judit, hija de Merarí, quien lo destruyó con la belleza de su rostro.  (Judit 16. 5 – 6)

Antes de comenzar, le explico a mis lectoras no-católicas que Judit sí es un personaje de la Biblia, pero es uno de los libros deuterocanónicos y, por lo tanto, este libro y este personaje no se encuentra en sus Biblias.  Ahora, con eso aclarado, comienzo.

Judit, una mujer de gran fe, cuyo nombre significa ‘La Judía’, era una viuda, sin hijos, que poseía grandes virtudes; entre ellas, la belleza, el valor, la fe, la sabiduría y un buen corazón.

Todos los días, los israelitas le suplicaban a Dios por auxilio.  Ellos estaban seguros que Dios no permitiría que ellos quedaran cautivos de los asirios, pero Dios se mantuvo en silencio.  No hubo lluvia y los asirios se habían apoderado del agua.  Las cisternas se secaban.  Los niños caían enfermos.  Los adultos se desmayaban.  La esperanza se disminuía.

Después de 34 días, los ancianos líderes del pueblo judío, declararon que si en cinco días Dios no venía a su auxilio, se entregarían a los asirios como esclavos para no morir una muerte lenta y dura;  pero una judía, al escuchar estas palabras, mandó a llamar a los ancianos y los regañó.  En mi país dirían que ella los puso en su lugar.

<<No exijan garantías al Señor nuestro Dios, pues Dios no es como un hombre, al que se puede amenazar y presionar. Por tanto, esperemos de él la salvación, solicitemos su ayuda y si le parece bien nos escuchará.>> (Judit 8. 16 – 17)

La cantaleta que les echó fue mucho más larga.  Va desde el versículo 11 al 27 y después sigue.

Y me encanta la respuesta de uno de los ancianos,

<<Cuanto has dicho está lleno de sensatez y nada hay que oponer a tus palabras. No es hoy cuando se ha manifestado tu sabiduría, ya que desde que eras pequeña el pueblo conoce tu inteligencia y tu buen corazón…. Tú, que eres una mujer piadosa, pide por nosotros para que el Señor envíe la lluvia, se llenen nuestras cisternas y no perezcamos.>> (Judit 8. 28 – 29, 31)

Aún con la cantaleta que ella les dio, querían que Dios obrara según sus peticiones <<para que el Señor envíe la lluvia, se llenen nuestras cisternas>> y no según la voluntad divina.  ¡Hombres tercos!

Bueno, para hacerte un cuento largo corto, Judit se puso a disposición de Dios y utilizando todas sus armas (su belleza, su fe, su inteligencia) sedujo al líder de los asirios y lo decapitó con su propia espada logrando así liberar a su pueblo.

¿Qué fue lo que le dió a Judit la audacia y el valor para hacer lo que hizo? ¿Qué le permitió ver la victoria que sus compueblanos no veían?  El ayuno y la oración.

Ella tenía una relación tan íntima con Dios que podía ver lo que otros no veían.  Los israelitas pensaron que Dios había enviado a los asirios para castigarlos, pero Judit sabía que Dios los había enviado para poner a su pueblo a prueba.  Si el valor y la fe de Judit parecen imposibles de emular, recuerda que la fe es un don, un regalo. Viene mientras pasamos tiempo en la presencia de Dios, humillándonos ante Él, entregándole nuestros temores y tristezas, y llenándonos de la expectativa de recibir su gracia.  La intimidad con Dios nos permitirá ver realidades que antes se nos escapaban.  Y, a veces, nos permitirá comprender las hazañas que trama el enemigo.

Judit, como tantas mujeres extraordinarias – Catalina de Siena, Santa Teresa, Beata Madre Teresa de Calcuta – son mujeres que Dios utilizó para fortalecer su Iglesia.  Quizás, tú estás en esa lista de mujeres extraordinarias que Dios quiere usar para un propósito en específico.  Fortalece tu relación con Él por medio de la oración y el ayuno y pídele el valor para hacer su voluntad.

Comente:

¿Cuáles otras mujeres te gustaría que se destacaran en nuestra página?  Hasta ahora me he concentrado en las mujeres de la Biblia y todavía hay muchas de las cuales no he escrito, pero la pregunta es una abierta; puede ser una mujer de la Biblia o alguna mujer entre nuestra comunidad de santos.

(Parte de este escrito fue tomado y traducido de Catholic Women’s Devotional Bible)

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